El Padre Jon Cortina es un jesuita nacido en Bilbao el 8 de diciembre de 1934 y nacionalizado salvadoreño, país en el que vivió durante 55 años, hasta su muerte, en 2005. Jon Cortina es conocido por su larga trayectoria de lucha contra la injusticia y la denuncia de las violaciones de derechos humanos en El Salvador y Centroamérica y el trabajo para la localización de los menores desaparecidos durante la guerra en El Salvador, a través de la Asociación Prebúsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos fundada por el Padre en 1994. Formó parte de una generación de jesuitas como Ellacuría, Montes, Sobrino, Baró, etc., que marcarían la historia de El Salvador.
Dos años después de nacer, en 1936, sucede el bombardeo de Guernika, localidad en la que residía la familia Cortina y comienza un largo exilio en Francia para huir de los horrores de la guerra civil española. Más tarde, siendo adolescente, ingresó a la Compañía de Jesús. En septiembre de
Realizó estudios en varios países: Ecuador, Estados Unidos, Canadá, Alemania y España y obtuvo Licenciaturas en Humanidades, Filosofía y Teología y un Doctorado en Ingeniería. Realizó su tesis sobre movimientos sísmicos en El Salvador.
Se trasladó a este país en 1955 y, en los primeros años, como ingeniero, trabajó en la construcción de puentes, pozos y carreteras, compatibilizando esta actividad con su trabajo pastoral y de denuncia de violaciones de derechos humanos, en colaboración con el también jesuita Rutilio Grande. Cuando Grande fue asesinado en 1977, el arzobispo Óscar Romero encomendó al padre Jon que le sucediera en la parroquia de Aguilares.
También impartió clases de Ingeniería en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). Desde esta universidad, varios profesores, como el propio Cortina, Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría, reclamaban justicia para El Salvador y otros pueblos de Centroamérica.
Su mensaje molestaba a sectores del poder y el 16 de noviembre de 1989, un grupo de 26 militares salvadoreños entró en la UCA y asesinó a seis jesuitas –el Padre Ellacuría entre ellos-, a una empleada y a la hija de ésta. Dos de los jesuitas del grupo sobrevivieron por no encontrarse en la universidad: Jon Sobrino, que se hallaba en Asia, y Jon Cortina en Chalatenango, ya que desde la década de los ochenta vivía en la pequeña comunidad de Guarjila.
En un primer momento se pensó que Cortina también había muerto y él mismo pudo oír su nombre en la lista de bajas cuando escuchó la noticia en la radio a la mañana siguiente.
El asesinato de sus compañeros no hizo que el padre Jon Cortina abandonara el trabajo en favor de los derechos humanos, sino todo lo contrario. Acabada la guerra, y preocupado por los testimonios de gentes de Guarjila y de otros lugares, estudió el problema de los secuestros de niños que militares y policías habían cometido durante la contienda. Aunque los informes de la Comisión de la Verdad recogían testimonios sobre estos secuestros, no entraban a fondo en el problema, ni proponían soluciones para la búsqueda de los niños.
En 1994, Cortina fundó la Asociación Prebúsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos, para ayudar en la localización de los menores desaparecidos. El padre Jon fue coordinador de la Asociación, junto a Mirna Perla de Anaya.
Hasta la muerte del padre Jon en 2005, de los 754 casos investigados, la Asociación Pro Búsqueda ha logrado que 172 jóvenes reencuentren a sus familias, ha descubierto que 39 habían muerto y ha localizado a otros 90 sin llegar al reencuentro, mientras que 453 continúan desaparecidos. A la mayoría de estos jóvenes se les había dicho que sus padres habían muerto o que los habían abandonado. Algunos habían sido adoptados por familias en El Salvador, pero otros en Estados Unidos, Europa o Canadá
El 24 de noviembre de 2005 sufrió un derrame cerebral mientras se encontraba en Ciudad de Guatemala. Fue ingresado en el Hospital Nuestra Santísima Señora del Pilar, pero no superó la afección y murió semanas después.